“Nuestra contribución al progreso del mundo ha de consistir primero en poner orden a nuestra propia casa”.  

Ghandi

La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestra manera de ser, de un conjunto de rasgos físicos, emocionales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad.

Hay dos tipos principales de autoestima:

  • Competencia
  • Merecimiento

La primera característica (competencia) se refiere a la acción, que es todo aquello que nosotros conseguimos por nosotros mismos y valoramos con especial interés. “Es el sentirse capaz de…”, y hacerlo. – En el caso del merecimiento, consiste en la imagen que damos a nuestro entorno, y el sentimiento correspondiente de “sentirse merecedor de… en relación a los demás…”. Por tanto, la baja autoestima conlleva que los sentimientos de las dos características anteriores se encuentran a un nivel precario (aunque hay diferentes grados). Esta baja autoestima puede ser derivada de varios factores: -ambiente familiar; -circunstancias concretas vividas en la primera parte de la vida; -dificultades cognitivas y emocionales, especialmente en el desarrollo de la etapa infantil a la etapa adulta; – rasgos de personalidad.

En la misma dirección también pueden influir los cuidados afectivos o carencia de ellos de los referentes parentales. Es decir, si hemos tenido o no unos apoyos y referentes concretos que nos facilite el aprendizaje de unos valores personales y sociales; y si todo ello ha ayudado o más bien poco, a conocernos a nosotros mismos. También puede ocurrir que esta baja autoestima genere estados depresivos y de bloqueo emocional, que en consecuencia la retroalimenta en negativo. Esta puede perpetuarse a lo largo de la vida, si uno no cambia los hábitos disfuncionales, y que éstos suelen mantenerse y/o aumentar a partir de nuestro propio diálogo interior: “cómo nos decimos las cosas”; “qué pensamientos y creencias mantenemos, de lo que hacemos y cómo lo hacemos”. Está claro que si nos castigamos y nos vamos recordando lo que hacemos mal no poniendo ninguna solución, esto retroalimenta en negativo nuestra autoestima.

Así pues, es importante primero realizar un trabajo auto exploratorio consciente de los aspectos de mejoría de nosotros mismos, y en consecuencia cambiar a un nivel más positivo y adaptativo. En ocasiones es preferible acceder a la ayuda de un profesional,  que pueda facilitar esos cambios más profundos a través de un proceso terapéutico. Uno mismo a veces no puede realizar estos nuevos replanteamientos, y es necesario un profesional que desde mayor perspectiva pueda ayudar a gestionar y potenciar esos cambios positivos. Es cierto que hay una tendencia en confundir la imagen que uno tiene de sí mismo/a con la imagen que los demás perciben. Si la persona no se conoce demasiado bien, probablemente aumenta esta confusión perceptiva.

“Para potenciar la capacidad de autoestima y armonizar un equilibrio consigo mismo/a, lo más importante es valorarse a sí mismo/a, conociéndose y cuidándose a todos los niveles de su persona (cognitivo, emocional, conductual, espiritual). Si esto se realiza a un nivel aceptable y satisfactorio, facilita mucho las relaciones consigo mismo/a, con el entorno, aumentando un mayor rendimiento laboral y creativo, y en general contribuye a una mayor autorrealización”.

Es fundamental para explorarse previamente y ser más consciente de estos posibles cambios, realizar las siguientes preguntas: –¿qué es lo que me gusta de mí mismo?; -¿qué es lo que no me gusta?; -¿qué es lo que podría estar dispuesto a cambiar? En este sentido puede ser interesante realizar un análisis más profundo de varios aspectos de mi persona, “y cómo yo me valoro a mi mismo”. Por ejemplo, cómo me valoro en: -rasgos de personalidad; -tareas cotidianas; -profesión actual; -relación con los demás; -relación de pareja; -rasgos físicos;- cómo creo que me ven los demás.

“Algunas recomendaciones positivas con la finalidad de mejorar nuestra autoestima: 1. -cambiar los pensamientos erróneos en positivos y más reales/objetivos (cómo por ejemplo: los pensamientos polarizados “todo o nada”; -pensamientos de insultos y autocastigo; -auto exigencias; -anticipaciones falsas); 2. Aprender a reforzarse en positivo cuando se consiguen logros reales; -3. Plantearse pequeños retos a corto, medio y largo plazo; -4.Utilizar más el sentido del humor para relativizar mejor los problemas; -5. Ser consciente de los errores para aprender de ellos; -6. Ampliar actividades de ocio que “me hacen sentir bien y realizado/a”.

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