Descripción de los trastornos más habituales y sus pautas principales de actuación.

En ocasiones, el sentir un nivel de ansiedad leve ante los exámenes, o antes de emprender un viaje, o bien cuando se habla en público, son acontecimientos que habitualmente generan cierta ansiedad (en mayor o menor grado). Aunque si está bien controlada puede ser hasta positivo para la persona, ya que mantiene un estado de alerta y de atención consciente más potenciados de lo habitual. El problema surge cuando los síntomas de ansiedad son más elevados y de duración prolongada, generando un descontrol en el rendimiento de las actividades de la vida diaria de la persona.

  • ¿Ante qué signos y síntomas es importante pedir ayuda psicológica?

Cuando se manifiestan algunos de estos síntomas de forma repetida y duradera, se impide que la persona pueda realizar las actividades de la vida diaria. Los más frecuentes: -sensaciones de tensión y nerviosismo;  sudoración; respiración acelerada (hiperventilación); aumento del ritmo cardíaco; temblores;  peligro inminente o hasta de pérdida y/o de catástrofe; problemas cognitivos (dificultades en concentrarse, en razonar a un nivel lógico y/o abstracto); rumiaciones excesivas de tipo obsesivo que la persona ya no puede controlarlas; insomnio (principalmente para conciliar el sueño); problemas gastrointestinales; sensaciones de debilidad física y/o de vulnerabilidad mental. 

A continuación, voy a exponer tres de los trastornos de ansiedad más habituales en mi consulta, así como las directrices generales para resolverlas. Obviamente, son pautas orientativas con el objetivo que la persona tenga un mayor conocimiento ante situaciones similares.

Y por supuesto, se aconseja pedir ayuda a un profesional lo más pronto posible si estas manifestaciones de ansiedad son frecuentes y no se pueden controlar.

  • Agorafobia: se refiere al miedo a situaciones concretas y a desplazarse a lugares que generan miedo e inseguridad. La persona se siente indefensa, con incapacidad de realizar cualquiera de estas actividades. Tipo de terapia: afrontamiento pautado y progresivo de conductas, con un abordaje cognitivo-conductual, trabajando los pensamientos irracionales para cambiarlos a más lógicos y adaptativos. Cuando la persona está más tranquila puede ser adecuado realizar un entrenamiento en Relajación.
  • Crisis de angustia (ataques de pánico): se manifiestan síntomas agudos (taquicardia, hiperventilación, sudoración, temblores, miedos irracionales), que aparecen de forma repentina e intensa.  Tipo de terapia: acudir a urgencias si son de carácter intenso, ya que en la mayoría de los casos no se pueden controlar y es necesario una medicación y seguimiento específico. También es importante acudir a terapia psicológica para analizar las causas de estas crisis y aprender a gestionar mejor estas dificultades.
  • Trastorno de ansiedad social (fobia social): consiste en tener miedo y ansiedad ante situaciones sociales. La persona habitualmente se siente juzgada sin una base lógica y racional, y en consecuencia realiza conductas de evitación y rechazo ante estas situaciones. Cómo ya hemos comentado, el “no afrontamiento” lo que provoca es mayor estado de ansiedad, retroalimentando el trastorno fóbico. En algunas personas pueden antes haber padecido otro tipo de trastorno de ansiedad; por ejemplo: la agorafobia, ansiedad generalizada, estrés prolongado. Tipo de terapia: En ese caso, también es importante abordar el problema a un nivel cognitivo-conductual, teniendo presente los factores personales que han causado la fobia social. En muchos casos, sentirse escuchado y comprendiendo la causa de este miedo, la ansiedad va disminuyendo de forma destacada hasta realizar las actividades sociales de forma fluida y natural.

En conclusión, estos signos y síntomas generan varios problemas psicológicos, entre los más limitantes: «las conductas de evitación», que implican un no afrontamiento. Si estas conductas se repiten de forma prolongada suele retroalimentarse el problema, aumentando la ansiedad. El miedo se suele apoderar de la voluntad y control de la persona, impidiendo que pueda realizar actividades con total normalidad.

Por lo tanto, el abordaje terapéutico de la mayoría de estos trastornos es afrontar de forma progresiva estos miedos e inseguridades, hasta que la persona pueda realizar sus actividades diarias.

Cuando la mente está más tranquila, es importante aprender a relajarse, a través de un aprendizaje progresivo y con guía de un psicólogo/a. En primer lugar a nivel físico, y luego cuando ya se ha realizado un aprendizaje, relajar lentamente la mente, a partir de ejercicios de Visualización y Meditación. La relajación completa se logra consiguiendo una relajación física y mental.

Si se realiza los tipos de terapia establecidos y teniendo presente a las necesidades concretas de la persona, la probabilidad de superar estos miedos es elevada.

Deja tu comentario

Esta web usa cookies propias y de terceros para mejorar su experiencia navegando por nuestros entornos web. Puede obtener más información consultando nuestra Política de Cookies aquí.    Más información
Privacidad